En una pequeña y acogedora población de los andes ecuatorianos, enclavada entre cerros y quebradas, muy cercana a la ciudad de Guaranda, nació y creció un apuesto joven, bajo la tutela de una familia distinguida, muy conservadora, pero responsable en su trabajo diario de hortelanos. Por ventura había cursado el segundo año de la primaria en la Escuela del lugar; en aquella época era más que suficiente como para cumplir cualquier actividad enmarcada en los derechos ciudadanos. Cuando cumplió los veinte, por voluntad propia fue al cuartel militar a cumplir con su obligación, vivencia que le sirvió para templar su carácter, aprender un oficio y abrir horizontes para su existencia. De regreso del cuartel, fue muy cotizado por las solteras de su terruño. Con sus amigos que tenían la misma edad organizaban y salían a dar serenatas en altas horas de la madrugada. No importaban las distancias que tenían que recorrer, ni el frio o la lluvia que soportar; lo importante era cumplir con el objetivo: pasar bien. Muchas de las veces les fue muy mal: los taitas de las chiquillas no les abrían las puertas, como era la costumbre en la comarca; algunas veces fueron echados con perros bravos; otras, bañados con orinas que las madres recogían en bacinillas a propósito. Cuando estaban con mucha suerte, amanecían bailando con las muchachas de la casa y bebiendo con el padre de ellas algunas botellas de mistela o aguardiente de contrabando, cuyo licor era muy apreciado porque no provocaba estragos en el chuchaque.
Para salir de serenatas había que saber tocar algún instrumento musical y en esa época era la guitarra que se había puesto de moda, pero era difícil rasgarla para acompañar a los cantos que se entonaban en aquel período y en tan especial ocasión. Todas las tardes religiosamente se reunían en el corredor de su casa para aprender a tocar la guitarra y cuando alguien ya aprendía, lo festejaban con unas copitas que solamente les servían para calentar el cuerpo o afinar la garganta.
En sus primeros años mozos le fue muy bien. Con ocasión de sus trasnoches, sus serenos, sus dones de buena gente, de muy buen conversador, con su buen humor de joven muy bien parecido, consiguió muchas amistades y algunos compromisos amorosos. Pero al momento en que las muchachas y sus padres se dieron cuenta de que se estaba pasando de listo, le cerraron todas las puertas y las posibilidades del disfrute de las serenatas con sus respectivas algarabías del baile y el cortejo acostumbrado. Quedó muy lejos la acostumbrada buena voluntad de las amas de casa, de brindarle un café bien cargado endulzado con panela y acompañado con unas deliciosas tortillas de harina de maíz tostadas en tiesto de barro y con abundante queso. Así de sencillo, se acabo la buena vida.
Y Cuando se estuvo quedando solterón, se detuvo para reflexionar y buscar una modalidad para reconquistar a sus amistades y a sus viejos amores y así superar de alguna manera su soledad.
Así empezó a hacer volar a su imaginación. . . . . . .Había que crear un motivo o una ocasión para visitar a los familiares, a los vecinos, a los compadres, a los conocidos y hasta a los desconocidos. Así es como empezó a barajar diversos pretextos y le pareció el mejor, el de recorrer los senderos tantas veces caminados, los chaquiñanes lodosos y resbaladizos entonando coplas nacidas de su propia inspiración que describían la vivencia, la soledad, la inocencia, la picardía, las esperanzas y desesperanzas, los dichos populares llenos de sabiduría.
Es así como empezó a ensayar uno que otro verso con rima, con contenidos extraídos del contexto de su mundo conflictivo. Estas coplas serian cantadas con ocasión del Carnaval, que coincidía con la temporada de las deshierbas del maíz y que para ello las familias se preparaban con la debida anticipación, ya que había que preparar los siete platos para dar de comer a los peones en señal de agradecimiento a la madre tierra y con la fiel convicción de que las cosechas serán abundantes. En ninguna casa faltaban la fritada de chancho y el mote pelado, el cuy con papas enteras, el caldo de gallina, la conserva de calabaza y el barril de chicha de jora y por supuesto los chigüiles envueltos en hojas de maíz.
Con sus amigos de mayor confianza que tenían la costumbre de reunirse todas las tardes para tocar la guitarra, ensayaron algunas coplas que servirán de muestra para ir creando y cantando de acuerdo a la ocasión. Como tenían que acompañar con la guitarra ensayaron varias combinaciones de notas musicales, hasta que les parecieron las más adecuadas, en su orden: MI menor, Do, MI menor y LA menor. La primera nota serviría para el espacio entre uno y otro verso o copla del carnaval.
La tarde y la noche del Viernes decidieron iniciar la aventura y para ello primero se dedicaron a repasar las primeras coplas que habían compuesto: A la voz del Carnaval todo el mundo se levanta; aun mas oyendo la voz, del quien suspirando canta. Que bonito es carnaval. Esta copla que se convertiría en la introducción antes de cualquier otra.
Así decidieron comprar algunas botellas de aguardiente de contrabando, algunas cajetillas de cigarrillos de marca dorado para envolver. A alguien se le ocurrió blanquearse la cara con talco para perder la vergüenza. Con dos guitarras y un tambor viejo que había encontrado en el soberado de su casa, iniciaron el ensayo y que les serviría para ir entrando en calor mientras iban planificando las visitas a las diferentes familias de la calle principal que terminaba en una quebrada que era muy conocida por el terror que causaba en altas horas de la noche; pues, se creía que de allí salía el duende para deambular la noche entera.
Cuando llegaron a la primera casa, luego de la primera copla cantaron: Pasando, pasando estoy, pasando por mí camino; Y las puertas me han de abrir, si me muestran cariño. Que bonito es carnaval. Pero como no tuvieron respuesta positiva continuaron caminando, sin antes manifestar su descontento: El cielo esta estrellado y la noche muy helada. Quédate no mas echada, como una burra preñada. Que bonito es carnaval.
Al acercarse a la siguiente casa, luego de entonar las dos primeras coplas, y al recordar a su primer amor, ensayaron la siguiente: Las estrellas en el cielo, caminan de dos en dos; Así caminan mis ojos, negrita por verte a voz. Que bonito es carnaval. A la vida de mi vida, muerta la quisiera ver; En una sala tendida y no en ajeno poder. Que bonito es carnaval. Y para despedirse cantaron: De esta esquina para arriba, disque me juran matar. Cual será ese valeroso para darle la del oso. Que bonito es carnaval
En la tercera casa tuvieron suerte. Es que el dueño de casa era muy amigo de los padres del carnavalero y como le gustaba la bebida, aprovecharía el fin de semana para pasarla bien. Entonces llegó la hora de lucirse con las mejores coplas: Ahora si que estoy con gusto, ya no siento la pobreza; Ahora que estoy con mis amigos y aguardiente a la cabeza. Que bonito es carnaval. Esta noche es de alegría y de amigos a lo grande; yo aquí alegre cantando y mi mujer muerta de hambre. Que bonito es carnaval.
Tanta era la algarabía y tan buenas eran las coplas, que llamó la atención a la vecindad y que en el transcurso de la noche fueron sumándose con cierto recelo a la fiesta del carnaval, en donde se polvearon con harina de maíz, jugaron al tusuchi con afrecho. Este juego fue un gran pretexto para manosear a las solteras. Bailaron hasta el cansancio y para descansar crearon un estribillo que decía: ya será bueno, ya será basta; Zapato de hule pronto se gasta. En los momentos de descanso aprovecharon para conversar, para planificar las siguientes visitas, para contar chistes y reírse a carcajadas.
A media noche, los carnavaleros estaban lánguidos y cansados por el baile, afónicos de tanto cantar, los guitarristas ya no podían con el dolor de los dedos de tanto puntear y de pronto a alguien se le ocurrió cantar las últimas coplas que decían: Mi garganta no es de palo ni hechura de carpintero; si quieren oírme cantar, denme un trago primero; que bonito es carnaval. Señora buena Señora, mátele al gallo patojo; Para ir tomando caldito porque me muero de antojo; Que bonito es carnaval. Por la chicha y por el cuy, por eso no mas me vine; porque tostado y mazamorra en mi casa mismo tengo. Que bonito es carnaval. A lo que los dueños de casa respondieron de inmediato sirviendo el banquete del carnaval a todos los presentes. Hubo caldo de gallina, papas con cuy, fritada de chancho con mote pelado, dulce de calabaza con chigüiles y chicha de jora en abundancia. Luego de tan exquisita comilona y ya con las energías recuperadas continuaron con las coplas de agradecimiento, con el baile, con el juego con polvo hasta el amanecer. Ninguno sintió los estragos de la mala noche; casi nadie se había embriagado a pesar de haber ingerido tanto aguardiente. Es que el buen humor y sobre todo por la transpiración provocada por el baile no les permitieron emborracharse.
Cuando el sol había calentado el ambiente, y el momento en que las chicas se dieron cuenta de que los carnavaleros estaban con mal olor debido al sudor de tanto baile, con el respectivo disimulo y al menor descuido les lanzaron agua; así se instituyo el juego del carnaval con agua, nadie se salvó del baño, eran todos contra todos, a las muchachas les metieron en el tanque que estaba casi lleno; así pasaron hasta el medio día, y cuando estaban casi secas las ropas que llevaban puestos, decidieron organizarse para ir a visitar a otras familias. Como ya estaban bien ejercitados en el canto de las coplas, sabían cuales eran las más adecuadas para las diversas ocasiones y sin duda para manifestar sus deseos. Así llegaron a una casa importante, en donde fueron atendidos a cuerpo de Rey. Cantaron y bailaron hasta el agotamiento, se sirvieron un gran banquete y bebieron las mejores mistelas preparadas para la ocasión. Aquí se les ocurrió a las muchachas ensayar algunas coplas satíricas dirigidas a los jóvenes del grupo: Los jóvenes de este tiempo son de pura fantasía; meten la mano al bolsillo, sacan la mano vacía. Que bonito es carnaval. A lo que de inmediato los jóvenes respondieron: Las muchachas de este tiempo son como la granadilla; apenas tienen quince años ya mueven la rabadilla; Que bonito es Carnaval. A la vecina del frente se ha quemado el delantal; a no ser por los bomberos se quemaba el animal Que bonito es carnaval. La única muchita que tengo, a la puerca le he de dar; voz carishina y pelada, que es lo que me vas a dar. Que bonito es carnaval. Las mujeres cuando mean, mean que chisporrotean; los hombres cuando orinamos, sacudimos y guardamos; que bonito es carnaval.
Así se armó lo que se llamaría mas tarde el contrapunto que consiste en organizarse en grupos para ir cantando coplas satíricas que son respondidas de la misma manera en turnos bien organizados. Y por supuesto no se salvaron los casados: Más arriba de mi casa se ha formado una laguna; donde lloran los casados sin esperanza ninguna. Que bonito es carnaval.
Y tampoco se salvaron los bailarines: Bailen, bailen bailarines; bailen que les pagaré, una rosa en cada en cada mano y clavel en cada pie. Que bonito es carnaval. Y para variar, con el afán de sacarse el clavo por algo del pasado: Esa pareja que baila se parece a San Francisco, y galán que lo acompaña, es igual a chivo arisco. Que bonito es carnaval. Y un estribillo: Alhaja guambra la de la loma, que se hace dueña de mi paloma.
Pasaron los días y las noches, crearon y cantaron innumerables coplas, ensayaron los más diversos pasos de bailes de la época, comieron y bebieron los mejores banquetes y las más sabrosas mistelas hasta saciarse, jugaron al tusuchi y se polvearon los rostros con talco y harina de maíz, se bañaron para refrescarse y superar el chuchaque, se quedaron dormidos sentados para recobrar las energías, hicieron grandes amistades y algunos compromisos matrimoniales. Así llegó el día Miércoles de ceniza y con el, el día de la despedida de la fiesta que mas tarde será la más popular de la comarca.
Este día compusieron y cantaron las coplas más tristes de despedida a la fiesta del Carnaval: Cantaremos carnaval ya que Dios ha dado vida, no sea cosa que el otro año, ya nos toque la partida o caigamos patas arriba; adiós, adiós Carnaval. Mushca, mushca tototo muérdele al carnavalero; a que el otro año no vuelva como perro molinero, Adiós, adiós carnaval.
Tan fuerte fue la tristeza que provocó la finalización de esta fiesta muy especial que, se les ocurrió enterrar al carnaval, para tener un pretexto más para ponerse a llorar mientras entonaban las coplas más tristes. Es así como se les ocurrió armar una caja de madera muy similar a las de los funerales que lo llevaron cargando a remuda entre todos y todas al cerro más alto de la Comarca, en donde mientras continuaban cantando, cavaron el hueco para sepultar al carnaval. De las coplas que mas sobresalieron fueron las siguientes: Cuando Salí de mi casa de nadie me despedí; solo de una hojita seca, que cayó cerca de mí. No te vayas carnaval.
Es así como se instituyó la fiesta del carnaval y a la persona que lo inventó se lo bautizo como el Taita Carnaval y se lo recuerda con mucho cariño, porque gracias a el se conserva la tradición y los valores de la generosidad, la solidaridad, la alegría, la poesía, la fantasía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario